Una placa en la calle Alhambra recuerda a esta vecina, fallecida el pasado mes de junio, que dedicó buena parte de su vida a ayudar a los demás y a trabajar por su pueblo
La Herradura ha rendido homenaje póstumo a Conchita Cacín Ruiz, una vecina muy querida que falleció el pasado mes de junio y dejó una profunda huella en el pueblo por su generosidad, su compromiso y su constante disposición a ayudar a los demás. Una placa instalada en la calle Alhambra mantiene desde ahora vivo su recuerdo y reconoce una trayectoria marcada por la solidaridad y el cariño hacia su gente.
El acto ha servido para recordar a una mujer que hizo de la ayuda a los demás una formade vida. Su compromiso la llevó mucho más allá de La Herradura, donde dedicó once años a trabajar como misionera en Angola. A su regreso, siguió presente en la vida de las personas a las que había conocido allí, manteniendo su preocupación y colaboración con quienes necesitaban apoyo.
El alcalde de Almuñécar, Juan José Ruiz Joya, ha recordado durante el homenaje que Conchita Cacín “dejó un camino” que comenzó en La Herradura y llegó hasta Angola, donde dedicó once años de su vida a ayudar a los demás. A su regreso, siguió pendiente de las personas a las que había conocido allí, manteniendo su compromiso y su voluntad de colaborar.
Ruiz Joya también ha puesto en valor su labor al frente de la Asociación Amigos de La Herradura, desde la que trabajó por su pueblo, sus tradiciones y su vida cultural y social. En este sentido, ha recordado el papel de Conchita en la Semana Santa y su empeño para que los niños de La Herradura pudieran participar en esta tradición, contribuyendo a que contaran con el Resucitado y el pequeño ‘Resucitaillo’.
“En Angola hay niñas que conocieron su generosidad. Y en La Herradura hay niños que cada Semana Santa siguen caminando detrás de uno de sus sueños”, ha señalado el Alcalde, que ha destacado, así como su entrega “dejó huella tanto lejos de su tierra como en las nuevas generaciones de su propio pueblo”.
“Las placas llevan nombres. Pero los pueblos guardan ejemplos”, ha afirmado, subrayando que el homenaje va más allá de colocar una placa y busca mantener vivo el ejemplo de una mujer que dedicó buena parte de su vida a los demás. “Gracias, por tanto. Y gracias, en nombre de todo un pueblo, por habernos enseñado que una vida verdaderamente grande no se mide por lo que uno consigue, sino por todo lo que uno deja en los demás”, ha concluido Ruiz Joya.
La coordinadora de la Tenencia de Alcaldía de La Herradura, Elena Mora, también ha recordado su dedicación al pueblo durante los años que estuvo al frente de la Asociación Amigos de La Herradura. Su trabajo ayudó a impulsar actividades como la Travesía a Nado, el Certamen de Poesía, el Festival de Guitarra Andrés Segovia y los actos conmemorativos del Naufragio de la Armada de Felipe II.
“Querer a un pueblo no es solamente vivir en él. Es implicarse, proponer, trabajar, sumar y dedicar parte de tu tiempo a que las cosas sucedan. Y eso es precisamente lo que hizo Conchita”, ha señalado Mora, que ha agradecido su aportación a la vida cultural y social de La Herradura.
Uno de los momentos más emotivos ha llegado con las palabras de Paco Sánchez Camacho, presidente de la Asociación Amigos de La Herradura y amigo de Conchita, que la ha recordado como una mujer de carácter fuerte, valiente y con una enorme capacidad para afrontar las dificultades.
“Dedicó gran parte de su vida a servir a los demás, acompañando a quien más lo necesitaba y trabajando siempre por un mundo más justo y más humano”, ha dicho Camacho, que también ha destacado el orgullo con el que Conchita llevaba el nombre de La Herradura allá donde iba. “Gracias, Conchita, por hacer de tu vida un servicio a los demás y por llevar siempre a La Herradura en el corazón”, ha expresado visiblemente emocionado.
Su sobrina, María Esperanza Cacín Aneas, ha hablado de ella desde el recuerdo familiar y ha contado cómo era Conchita con los suyos: una mujer de carácter, que siempre estaba dispuesta a echar una mano y que quería a su familia por encima de todo.
Ha recordado también su trabajo como misionera, su compromiso con la Iglesia y con La Herradura, y el cariño que mantuvo siempre por Angola. “Siempre ha sido ese cascabelito que siempre reía”, ha dicho su sobrina, que ha agradecido el homenaje en nombre de toda la familia. “Aunque no sea nada más que una plaquita, para nosotros siempre será una cosa muy grande, porque la llevaremos siempre en nuestros corazones”.
La jornada ha continuado con una cena organizada por la Asociación Amigos de La Herradura y la Tenencia de Alcaldía, en el marco de los actos conmemorativos del naufragio de la Armada de Felipe II, que ha reunido a los miembros de la asociación en una jornada marcada también por el recuerdo a Conchita, que durante años estuvo al frente de este colectivo.