Bajo el lema: “No hay excusas, ni mal tiempo” se vivió un año más.

A pesar del cielo gris y del fresco de diciembre con lo que abrió la mañana tras las lluvias y tormenta…esta jornada de domingo nos dio una tregua espectacular, que no se desaprovechó.
Los paseos se llenaron de sonrisas, abrazos y muchas ganas. No importó si se caminaba o se corría, si eran 5, 8 ó 10 kilómetros: lo importante fue estar, salir juntos y rendir homenaje con cada pisada. Un reencuentro que refleja ese espíritu sencillo y auténtico de los momentos que se hacen con el corazón y la certeza de que el verdadero premio no estaba en la meta, sino en el camino.
Cada zancada fue un recuerdo, cada risa una forma de decir que Ángel sigue ahí, que no se olvida. Porque correr o andar también es una manera de recordar, de agradecer y de seguir adelante.
Y al final, como manda la tradición, chocolate con churros, calor humano y la sensación de haber empezado a despedir el año como se merece: juntos, sin excusas
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